La Iglesia inicia hoy el Tiempo Ordinario, un tiempo de caminar sereno y constante, donde la fe se vive en lo cotidiano y el Evangelio se hace vida en los pequeños gestos de cada día. No es un tiempo menor, sino el tiempo de la fidelidad, del compromiso silencioso y del amor perseverante.
En este comienzo, nuestro pueblo se mira en el ejemplo de Nuestra Señora de la Soledad, Madre fiel que supo vivir la fe en el silencio, en la espera y en la confianza plena en Dios. En su Soledad aprendemos que seguir a Cristo es permanecer, incluso cuando no hay palabras ni respuestas inmediatas.
Que este nuevo tiempo nos ayude a crecer en la fe, a fortalecer nuestra vida cristiana y a caminar como comunidad unida, sosteniéndonos unos a otros. Que, bajo el amparo de la Soledad, sepamos vivir el Evangelio en lo ordinario, haciendo extraordinario cada acto de amor, cada servicio y cada oración.
Que María Santísima nos acompañe en este tiempo
y nos conduzca siempre hacia su Hijo,
centro y sentido de nuestra vida.
#Formacion
#JuventudConHistoria
